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viernes, 4 de octubre de 2013

LA IMPORTANCIA DE UN SECADERO NATURAL




El secadero natural es el lugar acondicionado para secar, curar y madurar los productos de cerdo abriendo y cerrando ventanas. En ellos permanecen hasta adquirir la consistencia, aroma y sabor de los productos tradicionales.
Este control natural de las condiciones de temperatura y humedad no requiere ningún consumo de energía, a diferencia del secado en cámaras frigoríficas. Se trata de un proceso que no genera ningún tipo de residuo contaminante y que se basa en aprovechar al máximo las condiciones de la naturaleza: el aire y los ritmos naturales del clima seco y frío de Salamanca, ya que nuestros secaderos están ubicados a más de 900 metros de altura sobre el nivel del mar, en un paisaje privilegiado y en un entorno natural totalmente limpio.
También la filosofía ecologista está presente en el carácter artesanal de este proceso, que cuida las condiciones del secado de los jamones y embutidos, y que hemos optado por aplicar, frente a la producción industrializada. Métodos naturales centenarios, heredados y perfeccionados de generación en generación.

El cuidado en el proceso de curación es el que da lugar a un producto que responde a las altas exigencias de los consumidores, tanto en relación con las garantías de producción natural de los alimentos, como en cuanto a la calidad del producto que compran. En estos secaderos naturales se produce el mejor jamón


                        

GARANTÍA DE CALIDAD






jueves, 3 de octubre de 2013

LA BELLOTA


ALIMENTACIÓN DEL CERDO IBÉRICO

La alimentación es la clave en la cría del cerdo ibérico. “Somos lo que comemos”. Podemos decir que el tipo de alimento que ingiere el cerdo durante su vida define la calidad del jamón en el que se convertirá después. Los productores así lo sabemos y la especialización del jamón ibérico de bellota como alimento de lujo nos ha llevado a fijarnos y seleccionar  en el tipo de alimento a suministrar a las crías.
La bellota es el elemento clave en la alimentación del cerdo ibérico. Los cerdos ingieren sus primeras bellotas sobre los diez meses de vida y ya no abandonan un producto que es amplio agrado para sus paladares.
Sin embargo, previamente los criadores damos de comer a los cerdos una mezcla de hierbas y piensos de alta calidad, que se vigilan de forma cuidadosa. El objetivo de este primer proceso de alimentación, que tiene lugar entre el nacimiento y los diez meses de vida, es formar perfectamente  a los cerdos, que tengan el esqueleto y peso adecuados para su posterior conversión en sujetos adultos.
Tras la primera parte de los piensos, llega el tiempo de la bellota. Se trata de un producto vigilado y seleccionado, ya que los cerdos lo comen de forma masiva una vez adultos y define la riqueza de su carne. Así como del gusto final del producto. De estos animales nace el posterior jamón curado. Cabe recordar que no todos los animales cuentan con la bellota como elemento principal de su dieta, solamente aquellos que integran el segmento de calidad más alto. De ahí la denominación jamón de bellota.
La bellota es un elemento presente en la dehesa (zona de cría y pasto del cerdo ibérico) y principalmente procede de dos variedades de árbol: La encina y el alcornoque. Este fruto carece de aroma propio y su sabor es agridulce debido a los azúcares. Cuenta con un índice de ácidos grasos insaturados, entre los que destacan: oleico (63,1%), linoleico (16,1%) y palmítico (14,2%). La bellota se complementa con la hierba de pasto procedente de la dehesa. Se puede decir que cada dehesa es diferente, ya que su tipología depende de muchos factores, como cantidad de animales presente en la zona de cría, tipo de arbustos, complementos alimenticios, un clima fresco y seco, etc. De este cuidado surge este producto excepcional.

A comer mucho jamón.





















GARANTÍA DE CALIDAD
COMER JAMÓN IBÉRICO

Es, sin duda, una de las "señas de identidad" de la gastronomía española. Y como tal, no suele faltar en nuestras mesas, sobre todo durante las celebraciones especiales como es el caso de la Navidad. No debemos permitir que un mal corte, o un mal servicio del jamón ibérico, pueden arruinar la mejor de las piezas.

Cortar y servir:
El consumo del jamón ibérico de bellota siempre será a temperatura ambiente, nunca frío. Además, las piezas deben cortarse justo antes de ser servidas. La temperatura ideas es de 22 a 25 grados centígrados.

Fijación y comodidad:
Es fundamental colocar la pieza en un soporte jamonero que proporcione una buena fijación y comodidad al cortador. Se recomienda un soporte con la base muy pesada o bien cualquier sistema de fijación que permita así mayor estabilidad.

Tipo de cuchillos:
Para preparar, limpiar y pelar el jamón se utiliza un cuchillo con dientes de sierra, tipo cuchillo de cortar el pan. Un cuchillo puntilla, cuchillo corto y fuerte terminado en punta, para realizar cortes precisos en las zonas más angulosas y para la importante labor de separar el jamón del hueso. Para el corte de lonchas, y exclusivamente para ello, se utiliza un cuchillo jamonero de hoja estrecha, larga y flexible. Es fundamental para un buen corte que este cuchillo esté muy bien afilado, por lo que se recomienda no utilizarlo para otros menesteres. Es importante tener siempre a mano una chaira.
Para una perfecta presentación, utilizaremos unas pinzas que nos permiten manipular las lonchas al colocarlas en el plato.

Limpiar el exterior según se va consumiendo:
Consiste en desprender del jamón parte del tocino de cobertura, de cuero y de la costra formada por mohos y exudos naturales del proceso de secado y maduración. Se inicia con un corte perpendicular a la pata y circular al corvejón, después se harán cortes tangenciales por ambos lados. Si el jamón se va a consumir en poco tiempo se pelará entero, si no es así, conviene ir pelando según se va consumiendo. Se recomienda guardar la primera loncha gruesa –de 1 a 1,5 centímetros- de cobertura grasa, para cubrir la superficie de corte. Así ayudamos a mejorar su conservación, evitando que se reseque.

Inicio del corte según el tipo de consumo:
Si se va a consumir rápidamente, o se desea un corte más vistoso, se comenzará la pieza por la zona principal, más jugosa e infiltrada. Para un consumo más lento, se recomienda comenzar por la zona de la babilla para evitar que al final pueda quedar excesivamente reseca.

Cortes:
Los cortes serán siempre paralelos entre sí, siguiendo, independientemente de la zona en que se empiece,  el sentido que va desde la pezuña hasta la cadera o punta, y una vez en esa zona, el sentido del corte será hacia abajo, dejando siempre a la vista una superficie plana, nunca cóncava, hasta llegar al hueso.

Lonchas:
Las lonchas deben ser muy finas, casi transparentes, abarcando el ancho de la pieza y sin ser más largas de 5 o 6 centímetros. Todas las lonchas llevarán grasa intramuscular para hacerlas más jugosas. Para ello es conveniente afilar el cuchillo muy a menudo.

Raciones en una sola capa:
Cuando se corta el paquete principal, pezuña hacia arriba, se aconseja combinar, en cada ración, lonchas de la zona principal, de la cadera o punta y del codillo. En el plato, las lonchas se disponen en una sola capa; si acaso con un ligero solapamiento entre ellas.

Taquitos:
La carne pegada a los huesos, que no puede cortarse en lonchas, sino en tiras y trozos irregulares, son excelente complemento en numerosos platos e incluso para consumirse en 'taquitos'.

Aprovechar los huesos:
Los huesos cortados con sierra en trozos de 10 a 12 centímetros, servirán para elaborar exquisitos caldos.

Grasa:

En otro artículo explicaremos el aprovechamiento de la grasa cuando limpiamos el jamón, hay mucha gente que la tira. 

ESQUEMA: 

PROCESO DE ELABORACIÓN


PROCESO DE ELABORACIÓN

Cuando se ha decidido por un producto artesanal de calidad, no tiene curiosidad por su proceso de elaboración? Unas pequeñas explicaciones seguro que son interesantes. 

Recepción de Materias Primas
En esta fase tiene lugar la recepción de los productos del cerdo ibérico procedentes de nuestro matadero, que se van a transformar durante el proceso de curación.
En este primer proceso se clasifican las piezas por pesos y calidades y se identifican individualmente con el fin de llevar a cabo su control exhaustivo durante todo el proceso de curación, lo que actualmente se llama trazabilidad.

Salazón
La salazón es la fase principal del proceso de curación del jamón. En esta fase, se le da al jamón la cantidad precisa de sal que necesita para su evolución en el proceso de curación, con el fin de que pueda conservarse durante varios años, dependiendo del tipo de producto que vayamos a salar.
A título informativo, la cantidad de sal que se le da a cada jamón es variable en función del tipo de producto, tipo de grasa.

Lavado
En el lavado del jamón o paleta se elimina la sal de la superficie de éstos. Dicho lavado puede realizarse con agua fría o tibia.

Post-salado
Es la fase de curación mediante la cual se produce el proceso de difusión de sal, tendiendo a una distribución uniforme de la concentración salina hasta alcanzar el punto exacto de sal. Mientras se está produciendo la penetración de sal al interior del jamón, hay un proceso de salida de agua al exterior, con la consiguiente pérdida de humedad desde la superficie. Por ello los jamones se encuentran en secaderos con temperaturas controladas entre 4ºC - 10ºC y HR 70%-80%. Proceso que dura de 40-60 días.
Durante esta fase, tienen lugar una serie de reacciones, favorecidas por los cambios de temperatura y humedad, que confieren al producto las características propias de color, sabor y textura particulares.

Secado Natural
Se realiza en secaderos naturales con amplios ventanales, en donde se cuelgan los jamones y paletas durante el periodo necesario para conseguir el asentamiento definitivo de las piezas. Este proceso posibilita que las grasas insaturadas impregnen las fibras musculares de las piezas y que retengan su aroma y bouquet característicos.
Durante este proceso, las piezas son trasladadas por diferentes secaderos naturales con diferentes temperaturas y humedades, con el único fin de conformar ese sabor tan característico que poseen los productos se curan en esta tierra con un clima tan característico.
El proceso en esta estancia puede durar varios años, dependiendo del tipo de producto con el que se trabaja.

Bodega y Bouquet ibérico

La bodega es la última dependencia de la fábrica por la que debe de pasar el producto ibérico. Es una zona en la cual la temperatura y la humedad permanecen invariables. Es una zona fundamental e indispensable de paso de todo producto ibérico de alta calidad, en la cual adquieren durante un largo y reposado tiempo ese aroma y bouquet especial que poseen nuestros jamones y paletas.



miércoles, 2 de octubre de 2013

DEFINICIONES MÁS IMPORTANTES

DEFINICIONES MÁS IMPORTANTES

Para conocer los productos derivados del cerdo, tanto ibérico con serrano, es muy importante saber el significado técnico de determinadas palabras.

CANAL es el cuerpo de un cerdo adulto sacrificado, sangrado y eviscerado, entero o partido longitudinalmente por la mitad, sin lengua, cerdas, órganos genitales, manteca, riñones ni diafragma.
              
JAMÓN es el producto elaborado con la extremidad posterior, cortada a nivel de la sínfisis isquiopubiana, con pata y hueso, que incluye la pieza osteomuscular íntegra,procedente de cerdos adultos, sometido al correspondiente proceso de salazón y curado-maduración.
      
PALETA es el producto elaborado con la extremidad anterior, con mano y hueso, que incluye la pieza osteomuscular íntegra, procedente de cerdos adultos, sometido al correspondiente proceso de salazón y curadomaduración.
     
CAÑA DE LOMO es el producto elaborado con el paquete muscular formado por los músculos espinal y semiespinal del tórax, así como los músculos longísimos, lumbar y torácico del cerdo, prácticamente libre de grasa externa, aponeurosis y tendones, salado, adobado y embutido en tripas naturales o artificiales, el cual ha sufrido un adecuado proceso de curado-maduración.
Dentro de esta definición también se incluyen las denominaciones “lomo embuchado” y “lomo”, puesto que suponen adaptaciones geográficas del nombre del producto.

CURADO-MADURACIÓN es el tratamiento de los productos embuchados crudoadobados y salazones cárnicas en condiciones ambientales adecuadas para provocar, en el transcurso de una lenta y gradual reducción de la humedad, la evolución de los procesos naturales de fermentación o enzimáticos necesarios para aportar al producto cualidades organolépticas características y que garantice su estabilidad durante el proceso de comercialización.
           
ADOBADO es la adición de sal, especias o condimentos.
            
DEHESA es el área geográfica con predominio de un sistema agroforestal de uso y gestión de la tierra basado principalmente en la explotación ganadera extensiva de una superficie continua de pastizal y arbolado mediterráneo, ocupada fundamentalmente por especies frondosas del género Quercus, en la que es manifiesta la acción del hombre para su conservación y perdurabilidad, y con una cubierta arbolada media por explotación de, al menos, 10 árboles por hectárea de dicho género en producción.

MONTANERA es el régimen de alimentación de los animales basado en el aprovechamiento de los recursos de bellota y pastizal propios de la dehesa.



Sé que son muy técnicas, pero creo que es la mejor forma de no equivocar a nadie y de que sirvan de referencia.





VINO Y JAMÓN, UN MARIDAJE PERFECTO


VINO Y JAMÓN, UN PERFECTO MARIDAJE.

Parecía que, al ser carne de cerdo (grasa), su gran compañero sería el vino tinto clásico, de medio color y cuerpo, y envejecido durante muchos años en madera. Pero todo aquello pasó a la historia. Hoy nos enfrentamos con el maridaje del jamón ibérico y los vinos de España con nuevas ideas y las normas mínimas, suponiendo y aceptando que las haya, pues el fin último del consumidor es el máximo placer y sobre esto no hay nada escrito.    Los vinos generosos, especialmente el fino y la manzanilla, son uno de los mejores ejemplos de maridaje vino-plato. El carácter incisivo y punzante, su cuerpo amplio y su final orgulloso, envuelven al jamón resaltando su textura y matizando su expresión, ensalzando su cuerpo y poniendo de relieve sus largas sensaciones.
      
El fino y la manzanilla se crecen con el jamón, se pavonean y "enseñorean" mostrando lo mejor que tienen: su vestido halagador brillante y atractivo, su aroma incisivo e invasor con recuerdos a flores secas de camomila y notas de frutos secos y, en el caso de la manzanilla, con leves notas marinas y yodadas.  
      
Otros generosos como el amontillado y el oloroso seco le intimidan un poco, aunque a veces jueguen con él, y los generosos dulces ya ni juegan con él: son un solemne divorcio.
      
Los espumosos son un auténtico reto. Los muy jóvenes y afrutados y con punzante burbuja no se entienden con el jamón, que los aplasta y anula. Los viejos espumosos y ciertos cavas y champagnes representan un auténtico juego de colosos, ya que potencian sus expresiones y sus matices, y se enfrentan con orgullo.
      
Tintos: no por más madera es mejor Los vinos blancos jóvenes y aromáticos no se atreven a luchar con el jamón. Debido a su agilidad e ingenuidad y, a veces, su aroma excesivamente marcado y con frecuencia con dejes florales y afrutados, se ven intimidados por el jamón. Los tintos jóvenes ligeros secos se divierten con el jamón y él con ellos. Funden sus cuerpos, matizan sus aromas y se envuelven con la grasa y la expresión tánica. Un conjunto interesante y grato. Con los tintos jóvenes excesivamente corpóreos y estructurados y con excesiva tonicidad no puede llegar a entenderse.
    
Lo mismo le ocurre a los rosados, casi sin excepciones.
      
Tampoco el de los vinos dulces es un maridaje afortunado. 
     
Los vinos blancos con madera, si ésta no es excesiva y agresiva, pueden acompañar a un jamón ibérico con una curación media y no muy expresivo en boca. Los blancos jóvenes, rosados y vinos dulces mejor no mezclarlos con el jamón.
     
Entre el jamón y los vinos tintos de crianza en nobles maderas se produce una bella historia de amor y de comprensión, dejando que cada uno se exprese y encante. Pero es necesario que haya un equilibrio entre el contenido alcohólico y la acidez, y que el vino tenga una pulida expresión tánica, no enmascarada por extraños y excesivos tuestes de las barricas. Los grandes y solemnes tintos de reserva y gran reserva huían del jamón. No se envuelven ni se entremezclan bien pero se respetan y ceden el paso comprendiendo cada uno el peso y valor del otro. Los viejos taninos se cubren con la orgullosa grasa. El aterciopelado de sus cuerpos deja paso al cuerpo del jamón, sabroso y amplio. En láminas o en dados, la cosa cambia Pero en todas estas observaciones nos estamos refiriendo al jamón ibérico cortado como se corta hoy (y dentro de las normas más extendidas y aceptadas), es decir, en finísimas láminas, que favorecen que los caracteres organolépticos gustativos del jamón se fundan en la saliva del que lo come gracias a la adecuada temperatura de la boca. De este modo, se puede extraer el cúmulo de sabores diferentes que nos ofrece este maravilloso producto. Sin embargo, no todo el mundo corta así el jamón ibérico. Los hay que lo disfrutan con el típico corte en “dados”. En ese tipo de corte y presentación, el jamón se casa bien con la amplia gama de vinos tintos, desde los jóvenes hasta los viejos tintos de guarda (reservas y grandes reservas) y los de crianza, tan apreciados hoy y tan fáciles de adaptar a muchas y variadas comidas.






JAMÓN IBÉRICO, UN PLACER PARA LOS SENTIDOS.



JAMÓN IBÉRICO, UN PLACER PARA LOS SENTIDOS.

Cuando hablamos de jamón ibérico de bellota tenemos que tener en cuenta sus cualidades sensoriales, ya que para realizar una cata utilizaremos todos nuestros sentidos.

ASPECTO Y FORMA:
La forma del jamón, su tamaño o el aspecto de su pezuña, (el término “pata negra”, está prohibido utilizarlo, ya contaré por qué). Una pezuña gastada es signo de crianza en montanera, el animal ha caminado mucho por la dehesa.
La presencia de hongos y mohos indican una curación lenta en secaderos y bodegas naturales, que potencia ciertos aromas y sabores.
Los jamones ibéricos son alargados, con el característico corte en forma de “V” y de tobillo fino. Su tamaño oscilará entre los 6,5 y 8,5 kilos de peso. Yo prefiero un jamón grande ya que procede de un cerdo mayor, que ha comido más bellotas en la montanera y tiene más tiempo de  curación en los secaderos y bodegas naturales. 




La grasa que recubre el jamón es de color amarillo-dorado, con mayor o menor intensidad dependiendo del tiempo de curación en los secaderos naturales. En las zona internas la grasa tiene una coloración blanca con un matiz amarillo-dorado. El juego de tonalidades es precisamente el indicador de la ficha de cata. La coloración más o menos rosada de la grasa puede indicarnos la calidad del jamón. La grasa debe mostrarse abundante y fluida en un buen jamón.  El veteado de la carne es un símbolo de calidad y su presencia aumenta a mayor edad del animal. Los jamones ibéricos presentan más grasa exterior que el resto de jamones. Las lonchas deben presentar un color entre rojo púrpura y rosa pálido, con aspecto brillante debido a la grasa infiltrada, que indica fusión a temperatura ambiente.
El magro del jamón ibérico tendrá colores rojos más intensos y más oscuros y serán los más valorados, indican que la alimentación del cerdo ha sido a base de bellota y ha realizado un buen ejercicio durante la montanera, aumentando los pigmentos naturales. A temperatura ambiente, presentará un alto brillo en la grasa intramuscular, una parte de esta grasa se encuentra en estado líquido, extendiéndose por toda la superficie cuando se corta el jamón. Rápidamente se adquiere el brillo característico y apreciado de un jamón ibérico de bellota.  Símbolo de calidad procedente de la grasa intramuscular del jamón es el veteado. Y por último los cristales de Tirosina. La tirosina es un aminoácido presente en las proteínas de la carne. En el proceso de maduración, algunas enzimas del músculo rompen las proteínas de la carne y se liberan los aminoácidos. La tirosina es poco soluble, es decir, que no se disuelve en el agua. Así cuando los jamones se van deshidratando poco a poco en su proceso de secado, la tirosina forma unos cristales mínimos, de 1 a 3 mililitros. En resumen, que los cristalitos blancos son totalmente inocuos y son una muestra de un secado prolongado  a altas temperaturas y son una marca de calidad innegable.

EL OLOR:
El jamón ibérico tiene un aroma intenso, persistente y equilibrado. Estos aromas serán más agradables conforma avance el periodo de curación y maduración en los secaderos y bodegas naturales. Hablamos de “olor a jamón de bellota”, olor característico que no necesita explicación y no tiene una referencia. Un jamón de alta calidad emana unos aromas intensos y agradables que serán reconocidos en inconfundibles.
Para un correcto desarrollo del sentido de olfato es imprescindible degustar una loncha de jamón, uniendo paladar y fosas nasales.  La permanencia del aroma una vez que el alimento ha desaparecido de la boca es algo característico del jamón ibérico de bellota. Estos olores persistentes, son matices rancios y picantes que proceden del mismo proceso de curación del jamón.
Es característico de los jamones ibéricos el aroma a curado, consecuencia de la utilización de nitratos naturales de la sal durante su elaboración. Un exceso de aroma rancio se asocia a jamones excesivamente curados.

TEXTURAS:
La grasa del  cerdo ibérico presenta unas cualidades distintas que el resto de razas. El ser blanda es su mayor cualidad y esto la diferencia de las demás. La grasa del jamón ibérico debe resultar suave, deslizante y untuosa. En los jamones ibéricos la fluidez de la grasa es mayor debido a la concentración de lípidos.
En una loncha de jamón ibérico la fibrosidad la determina la facilidad para separar sus fibras. Está directamente relacionada con las infiltraciones de grasa.  El jamón ibérico, al presentar altos índices de grasa intramuscular, debe dar una pequeña sensación de fibrosidad, pero debido al ejercicio continuado que el cerdo realiza en la montanera, la fibrosidad es mayor en las infiltraciones de grasa de las extremidades posteriores. Agradecemos cierto nivel de  dureza para prolongar el tiempo de masticación y favorecer y estimular la secreción de jugos salivares, rechazamos una dureza excesiva.

EL GUSTO:
Salado, dulce o margo.


Salado: Para medir la calidad del jamón en este sentido tenemos que diferenciar dos cosas, su contenido de sal no demasiado alto desde el punto de vista nutricional y sensorial y su contenido de sal no demasiado bajo relacionado con el factor microbiológico, para una perfecta conservación. En el caso del jamón ibérico, debido a su largo periodo de curación, se permite un mayor contenido de sal que en otros tipos de jamones. Un alto contenido de sal sería rechazado por nuestras papilas gustativas. Los Jamones curados en la provincia de Salamanca precisan menos sal debido al frío de su clima.

Dulce: En el proceso de curación del jamón ibérico se producen una serie de reacciones químicas naturales que aportan pequeñas cantidades de azúcares a las piezas, que  proporcionan pequeñas sensaciones dulces, muy apreciadas por nuestro paladar.

Amargo: El sabor amargo está directamente relacionado con el dulce. Los procesos de curación también aportan elementos con cierto sabor amargo. Los sabores amargos excesivos son indicadores de una mala curación de las piezas, ya sea por una elaboración con temperatura excesivamente baja o por una reducción de tiempo del proceso de curación.


Con esta información creo que podéis hacer una buena cata de jamón ibérico de bellota.  Espero que os resulte válida. Ahora a disfrutar de un buen jamón ibérico de bellota de Salamanca.